TRES DÉCADAS FUNDACIONALES DEL CINE CUBANO

En la «tierra más fermosa que ojos humanos han visto» —según Cristóbal Colón—, desembarcó el Cinematógrafo Lumière en enero de 1897. Sesenta y dos años más tarde, el 24 de marzo de 1959, a solo tres meses del triunfo revolucionario fue promulgada la Ley No. 169, primera del nuevo gobierno en el ámbito cultural, para la creación del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC). Organismo sin precedentes en el país, el ICAIC nacía decidido a partir de cero, a pesar de que en la primera mitad del siglo XX hubo numerosos intentos quijotescos de producir cine en la isla mayor de Las Antillas. Desde sus primeras producciones, entre estas el largometraje de ficción, Historias de la Revolución de Tomás Gutiérrez Alea (1928-1996), la autenticidad fue el rasgo distintivo en la irrupción de la nueva cinematografía.

Sintetizar en tan breve espacio los rasgos de las tres primeras décadas del nuevo cine cubano —por iniciativa de INSULARIA en su bautismo de fuego— resulta arduo y arriesgado. Esta amplísima y ambiciosa selección pretende recorrer panorámicamente las obras más descollantes y los creadores que irrumpieron para situar a la cinematografía de esa isla caribeña en un destacado puesto en el ámbito internacional al legar varios títulos imprescindibles, incluso a la historia del cine. Con su derroche imaginativo y su inmersión en los más variados temas, la «escuela documental cubana» ejercería de inmediato gran influencia por su conjunción de lo político y lo popular.

El convulso año 1968 trajo consigo dos obras mayores e irrepetibles de la cinematografía cubana: Memorias del subdesarrollo, de Tomás Gutiérrez Alea, y Lucía, de Humberto Solás, alejadas de estereotipos, tanteos estilísticos, esquemas imitativos del cine «a lo nouvelle vague» o el marcado influjo neorrealista de los primeros años. Incorporar con autenticidad elementos del documental a la ficción hasta desaparecer sus límites, distingue a una cinematografía surgida como industria con la Revolución. Los años setenta marcaron para el cine cubano la consolidación como potente movimiento artístico. Proseguía con la intención de gestar un arte cada vez más genuino. La mano solidaria tendida por el ICAIC, tornó posible en no escasa medida la utopía del cine latinoamericano.

Una «nueva» generación de realizadores, en su mayoría entrenados en el documental y el Noticiero ICAIC Latinoamericano, tuvo en los ochenta la posibilidad de dar sus primeros pasos en el cine de ficción. Esta inyección de talentos abordó críticamente temas de la realidad contemporánea en perpetuo cambio, inusitados en la etapa anterior. La revisión de la historia en búsqueda de resonancias en el presente, el acercamiento a figuras heroicas sin estereotipos, los ataques desenfadados a los prejuicios y las confrontaciones generacionales fueron asuntos abordados en esos años.

Detengamos esta toma panorámica sobre el cine cubano previo a la última década del Siglo de Lumière que pudiera reanudarse en una venidera edición de este festival de vocación fundacional.

Luciano Castillo

Director de la Cinemateca de Cuba