UNA MIRADA AL CINE DOMINICANO Y AL CINE HAITIANO

 

A siete años de la puesta en marcha de la Ley No. 108-10 para el Fomento de la Actividad Cinematográfica en la República Dominicana, el país cuenta con una producción sostenida de cine nacional. Hoy se producen alrededor de veinte películas de alta factura técnica por año. Antes de la ley, se hacía una película al año o cada dos años. Además, estas producciones se muestran cada vez más diversas y más profesionales; hecho que se evidencia a través de la participación de proyectos nacionales en importantes festivales y mercados del mundo -muchos por primera vez-, donde solo el cine de calidad puede entrar, siendo el caso, por ejemplo, de la producción cinematográfica dominicana “Carpinteros”, de José María Cabral, que estuvo en competencia en el Festival de Cine de Sundance; “Sambá”, de Laura Amelia Guzmán e Israel Cárdenas, en competencia en el Festival de Cine de Tribeca; “Cocote”, de Nelson Carlo de los Santos, en el Festival Internacional de Cine de Locarno, que se alzó con el premio “Signs of Life”; “El hombre que cuida”, de Alejandro Andújar, en el Festival Internacional de Cine de Rotterdam, Curaçao, donde obtuvo el premio “Yellow Robin”; “Candy Town”, proyecto en desarrollo de Yanillys Pérez, en la sección L’atelier del Festival Internacional de Cine de Cannes; entre otros.

 

También, a través de la ley, la República Dominicana ha logrado proyectar su geografía como destino de inversiones y rodajes. Con apoyo en el sector turístico, se ha construido una dinámica industria cinematográfica a partir de una atractiva combinación de incentivos fiscales, locaciones únicas y una infraestructura y servicios de primer nivel; sin olvidar los estudios de filmación con estándares internacionales que existen en el país, considerados los más modernos del Caribe, que cuentan con el que aseguran es el estanque para efectos acuáticos más grande de América Latina. Gracias a todo esto, cada día son más las productoras internacionales que desembarcan en el territorio nacional y hacen uso de las locaciones dominicanas para el rodaje de sus películas. Entre las más recientes están: “xXx: Return of Xander Cage”, producida y protagonizada por Vin Diesel; “True Memoirs of an International Assassin”, de Netflix, protagonizada por Kevin James; “47 Meters Down”, con la actriz Mandy Moore; y, los reality shows “Survivor Turquía” y “The Bachelor”.

Haití. Pocas palabras generan tantas ideas e imágenes en la cabeza de quien la escucha. ¿Cómo son esas imágenes y quiénes nos las han mostrado? ¿Cómo se mira Haití desde fuera y cómo la retratan sus propios hijos desde dentro? ¿Cómo se ve y cómo suena el cine haitiano?

De la cinematografía haitiana poco se ha visto y poco se sabe. A pesar de que la presencia del cine en lado occidental de la isla Hispaniola data desde el mismísimo 1896, no es de extrañar que sus cineastas sólo hayan podido rebasar en contadas ocasiones las exigencias tecnológicas y económicas de la producción cinematográfica, además de la represión política durante décadas y décadas de dictadura y calamidades.

Es en la diáspora donde nace con vigor un cine de denuncia contra la dictadura y donde todavía se ampara la mayor producción de cine haitiano casi medio siglo después. Realizadores como Arnold Antonin, Raoul Peck, Roland Paret o Michele Lemoine, fueron los pioneros y son hoy veteranos de renombre internacional. Nuevos nombres como Rachèle Salvane, Guetty Felin, Owsley Brown o Shirley Bruno están cambiando la imagen preconcebida y convencional del paisaje haitiano, plano a plano, con sus miradas auténticas, sensibles y únicas.

Mejor aún, la revolución digital del cine también ha abierto las lentes de los cineastas en la propia isla, haciendo que creadores como Mario Delatour, Rachèle Magliore, Oldy Auguste, Jean Jean y Richard Sénécal, entre otros, también puedan contar sus historias desde el corazón de su tierra, tan colorida como adolorida.

Y así, grandes ficciones y documentales retratan la vida en Haití hoy, con nuevas miradas y voces, tan diversas y peculiares como la misma identidad y realidad haitianas, haciéndonos emocionar y reflexionar con un cine cargado de sensaciones, folklore, preguntas, denuncias y esperanzas.